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Investigacion: vida de manuel rodriguez

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1 Investigacion: vida de manuel rodriguez el Dom Mar 21, 2010 8:56 pm

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Manuel Xavier Rodríguez Erdoíza (n. en Santiago, 24 de febrero de 1785 - m. Tiltil, 26 de mayo de 1818), conocido también como "El hijo de la rebeldía", fue un abogado, político, guerrillero y luego militar chileno, considerado como uno de los principales gestores y participes del proceso de independencia de su país.

Durante la fase denominada Patria Vieja, fue ministro de hacienda y de defensa del gobierno de José Miguel Carrera, además su secretario personal, y a pesar que tuvieron varios y graves desencuentros, siempre retomaron su amistad, camaradería y trabajo en conjunto, por eso fue la persona con quién Carrera gobernó más estrechamente.

En el periodo de la Reconquista española, en que gobernó el bando monarquista, su labor como guerrillero, espía y principal figura de la resistencia independentista en Chile lo transformó en mito y leyenda popular. Tras la victoria independentista de Chile, en la Batalla de Chacabuco, durante la Patria Nueva, Rodríguez conspiró más de una vez para deponer del cargo de Director Supremo a Bernardo O'Higgins. Reapareció en la escena pública tras el Desastre de Cancha Rayada, asumiendo brevemente en Santiago como Director Supremo Interino, para evitar el desbande general de la causa patriota.

Tras dejar su puesto, una vez que se supo que O'Higgins no había muerto, y luego de la victoria en la batalla de Batalla de Maipú, fue apresado por O'Higgins. Durante su traslado fue detenido y custodiado por soldados, siendo asesinado a mansalva de un balazo en la espalda en las cercanías de Tiltil, mientras se encontraba trasladándose a la cárcel de Quillota.

Primeros años de vida


Primeros años de vida Su padre fue el peruano Carlos Rodríguez de Herrera y Zeballos, oriundo de Arequipa, según lo consigna su propio testamento. Arribó a Chile alrededor de los 26 años, en 1782, como secretario de un importante emisario español de las aduanas reales, lugar en que trabajó toda su vida, haciendo carrera como funcionario de la corona y alcanzando el cargo de director de Aduanas.

Sin ser un hombre de fortuna, pero gracias a la dote de su esposa que era viuda, y su vida de tesonero y abnegado trabajo, pudo entregar un buen pasar a su familia. Aunque con mucha austeridad, educó a sus cuatro hijos, y uno de ellos, vástago de su esposa de matrimonio anterior, en el mejor colegio de Chile de la época, el Convictorio Carolino, del que obviamente fue alumno Manuel.

Su testamento también consigna que tenia una completa biblioteca en su casa, de la cual se nutrían de conocimiento los cuatro hermanos Rodríguez. Asimismo, las crónicas de la época desccriben que Don Carlos era una persona de temperamento amable, generoso, extremadamente puntilloso de los compromisos, de trato fino y de amplia cultura.

Su madre, Maria Loreto De Erdoíza y Aguirre, era una criolla de elevada posición social, descendiente por su madre de los primeros conquistadores y emparentada con las más prominentes familias coloniales. Era hija del acaudalado comerciante vasco Juan de Erdoíza y Olaguibel, y sobrina directa del Marqués de Montepío, Nicolás de Aguirre, prominente realista, el cual era hermano de su madre. Doña Loreto tenía fuerte raigambre vasca por su madre y su padre. Antes de su unión con Carlos Rodríguez, se había casado en primeras nupcias con Lucas Fernández de Leiva, adinerado comerciante español, del que enviudó prematuramente, dejado solo un hijo,llamado Lucas Fernandez de Leiva y Erdoiza, el cual fue medio hermano de los Rodríguez Erdoíza.

Carlos Rodríguez, aún cuando provenía de una tradicional familia Arequipeña(Perú) no tenía fortuna,sin embargo tenía educación y un buen trabajo. La familia Rodríguez Erdoiza,era de jerarquía, educada y culta, además se relacionaba con la sociedad y la élite de la época; sin embargo tenían la siempre presente estrechez económica, por lo que se decía que eran "aristócratas pobres" razón por lo que veían seriamente limitados en su convivencia con sus pares sociales. La familia vivía del siempre insuficiente sueldo de un funcionario público, complementado por la herencia recibida de su esposa, por lo que los hermanos Rodriguez Erdoiza siempre se sintieron en desmedro con la gente de sociedad que se relacionaban. Este hecho, se marcó a fuego en su cerebro, por lo que se fraguó su persistente rebeldía y rechazo de Manuel Rodríguez contra el orden establecido que a todas luces era de la mayor injusticia ya que no tomaba en cuenta para nada la meritocracia,es decir el mérito,ya fuera en los estudios o trabajo,solo existía una especie de castas,a la cabeza de ella ,siempre figuraban los peninsulares(nacidos en España),luego los criollos de fortuna. Manuel Rodriguez que tenía sobrada capacidad e inteligencia para estar en la elite del poder,siempre fue postergado,a excepción de los importantes cargos que le concedió José Miguel Carrera . Esta particular circunstancia descrita, desacredita algunos mitos publicados y atribuidos a Rodríguez, tales como que era de "origen popular", "nacido en las pobres barriadas" y otro que lo cataloga como "acaudalado abogado" [cita requerida].Como conclusión llegamos a pensar que Rodriguez forjó su carácter,rebelde,impulsivo y quizás un poco alocado,muy marcado por los primeros años de su vida y juventud,por otro lado debemos recordar que este personaje ,al igual que Carrera,asumieron importantes cargos de gobierno cuando solo tenían algo más de 25 años.

La enorme e imponente casa, actualmente en el lugar que ocupa el Banco Central de Chile y en la que vivieron siempre los hermanos Rodríguez Erdoíza, era una herencia dejada por el primer marido de Doña Maria Loreto. Dicha casa poseía numerosas habitaciones, patios, y salones. Sin embargo, se respiraba un ambiente de mucha austeridad y de estrechéz económica, ya que contaban con muy pocos sirvientes además de mínima vida sociál, comparado con otras familias de alcurnia en las que abundaban las esclavas, cocineras y cochero

Estudios

Manuel Rodríguez cursó sus primeros estudios en el aristocrático y exclusivo colegio Convictorio Carolino de Santiago, pagado a medias por su padre y también con ayuda de becas. Allí Manuel fue compañero y el mejor amigo de otro futuro prócer independentista, José Miguel Carrera, y además de todos los jóvenes que serían los que provocarían la independencia y posteriormente gobernarían los destinos de Chile en los primeros años de la república. Mientras el hogar familiar de los Rodríguez se ubicaba en la esquina suroriente de la intersección de las actuales calles Morandé y Agustinas, la casa de los Carrera se encontraba en la esquina sur poniente, sobre la actual Plaza de la Constitución , razón por lo cual desde su infancia, y luego en el colegio, fueron amigos entrañables.

Rodríguez siguió sus estudios superiores de Derecho en la Real Universidad de San Felipe, recibiendo su doctorado de leyes en 1804. Ejerció la profesión posteriormente como procurador del Cabildo de Santiago, pero no habría podido titularse, según la explicación tradicional, debido que a que el sistema colonial de privilegios relativos al lugar de nacimiento (España o América), lo postergó frente a otros estudiantes con mayores influencias y nacidos en la península,[1] versión que no es consistente con el hecho de que Joaquín Fernández de Leiva y Erdoíza, medio hermano y tutor de Rodríguez, era vicerrector de la misma universidad.[2]

Los tres hermanos Rodríguez Erdoíza: Manuel, Carlos y Ambrosio, más su medio hermano, Joaquín Fernández de Leiva, estudiaron derecho. Joaquín Fernández de Leiva y Erdoíza, quien el mayor de todos y medio hermano de los Rodríguez Erdoíza, era el hijo del primer matrimonio de la madre con el comerciante español Lucas Fernández de Leiva, Joaquín tuvo una exitosa carrera como magistrado, llegando a ser diputado representante de Chile en las Cortes de Cádiz en 1810. Tomó como protegidos a sus hermanastros Manuel y Carlos, animándolos a seguir estudios en abogacía.[2]

Mientras Manuel participaba en las últimas convulsiones de la Patria Vieja, Joaquín figuraba como miembro de la corte virreinal limeña, en calidad de oidor de la Real Audiencia de Perú, hasta que murió muy joven en 1814. Carlos Rodríguez Erdoíza, por su parte, tuvo una dilatada carrera política durante los primeros años de la independencia. En 1814, José Miguel Carrera lo nombró secretario (ministro) de Guerra. Más adelante, durante la llamada Organización de la República, alcanzó el cargo de diputado, Ministro de Gobierno y Relaciones e integrante de la Corte Suprema. En 1833, exiliado en Lima, mantuvo una ácida polémica de prensa con Bernardo O'Higgins acerca del asesinato de su hermano Manuel, responsabilizándolo del crimen. Por su parte, Ambrosio Rodríguez Erdoíza, también estuvo involucrado en el proceso de independencia, llegó a ejercer como intendente de Chillán.

Los 3 hermanos Rodríguez Erdoíza fueron compañeros de luchas políticas, participando durante la Patria Vieja principalmente en el bando carrerino. No obstante, existió un temporal distanciamiento entre los Rodríguez y los Carrera, en enero de 1813, cuando Manuel y Carlos fueron acusados de complotar contra la junta presidida por José Miguel Carrera.

Participación en la Patria Vieja

La situación reinante entre 1810 y 1811 era de un gobierno dirigido por una Junta Nacional, presidida por Mateo de Toro Zambrano y Ureta, Conde de la Conquista, y compuesta por notables criollos aristócratas de la capital chilena. En los primeros meses de 1811 las ideas revolucionarias fueron ganando terreno, enfrentándose a las ideas reformistas de los criollos aristocráticos. Pronto la Junta, que gobernaba en nombre de Fernando VII, fue convirtiéndose en un órgano de gobierno nacional dispuesta a resistir el retorno de la dominación española. En este entorno, José Miguel Carrera, quien con 25 años retornaba de luchar contra la invasión napoleónica en España, se transformó en el caudillo más popular de Chile por sus ideas radicales y progresistas.

El 4 de septiembre de 1811, Carrera, secundado en lo militar por sus hermanos Juan José y Luis, llevaron a cabo un golpe de Estado y formaron una junta de cinco miembros, compuesta por Juan Enrique Rosales, Juan Mackenna, Juan Martínez de Rozas, Calvo de Encalada y Gaspar Marín, quedando como Presidente del Congreso Nacional el sacerdote Joaquín Larrain. Así, se adueñaron del Poder Ejecutivo y del Legislativo y emprendieron una serie de reformas de todo orden. Es en este golpe de Estado cuando Rodríguez pierde su puesto de Procurador de la ciudad de Santiago, pues así lo "exigía el pueblo" en sus demandas. Este desplazamiento es seguramente atribuible a las rencillas que habrían tenido Carlos Correa de Saa (uno de los líderes intelectuales del movimiento) con el padre de Manuel, Carlos Rodríguez.[3]

El 15 de noviembre de 1811, Carrera llevó a cabo el reemplazo de la Junta de Gobierno por una compuesta de tres miembros, que gobernó entre 1811 y 1813. Durante 1812 la Junta realizó una labor que señalaba los progresos de la emancipación. Se imprimió la Aurora de Chile, cuyo primer director fue fray Camilo Henríquez González con la colaboración de Manuel de Salas, Antonio José de Irisarri y el Dr. Bernardo Vera y Pintado. Asimimo, se entablaron relaciones con los Estados Unidos de América, cuyo gobierno envió al representante comercial, con el título de Cónsul, Joel Roberts Poinsett. Se diseñó la bandera de la Patria Vieja y el Reglamento Constitucional Provisorio de 1812, documento precursor de la Constitución política, confeccionado y redactado por el abogado Manuel Rodríguez. Por otro lado, Rodríguez, en calidad de secretario de Carrera, ofició como una especie de Ministro del Interior de la actualidad.

En ese periodo, ambos tuvieron algunos desencuentros graves, que debido al tenso clima político llevaron a Rodríguez a la cárcel, pero finalmente los problemas se aclararon y siguieron gobernando en comunión.

En 1813, el virrey José Fernando de Abascal, que veía a Carrera actuar como si Chile fuera independiente, envió una primera expedición al mando del brigadier español Antonio Pareja. Ante esta amenaza, el Senado, aplicando un artículo constitucional, suspendió la Constitución y reorganizó la Junta de Gobierno, siendo Carrera designado General en Jefe del Ejército, con la misión de defender la línea del río Maule. También se declaró la libertad de imprenta, se fundó el Instituto Nacional y se creó la Biblioteca Nacional, cuyo primer director fue Manuel de Salas. Además se decretó la nacionalización para extranjeros y españoles que respetasen la nueva institucionalidad del Estado, se creó el Ministerio de Relaciones Exteriores, se reestructuró el Ejército, creando los primeros cuarteles militares y se expropiaron 3 millones de pesos de la época a los potentados para cubrir gastos fiscales.

El 3 de mayo de 1814, los criollos, liderados por el director supremo Lastra y el ejército español, firmaron el Tratado de Lircay. Pero el Virrey Abascal ignoró el tratado y mandó una nueva expedición.

Como consecuencia, fue planeada una batalla en la plaza de Rancagua, la que terminó en una derrota, en lo que se conoce como el Desastre de Rancagua del 1 y 2 de octubre. Acto seguido, el gobierno pasó a manos del Brigadier Mariano Osorio que gobernó entre 1814 y 1815, iniciando el periodo de la Reconquista, que duró entre 1814 y 1817. En este periodo se cometieron hechos sangrientos en la cárcel de Santiago en donde se asesinaron a los independentistas allí detenidos por orden del Capitán Vicente San Bruno, jefe del Regimiento Los Talaveras de la Reina.

La Reconquista

Entre 1815 y 1817, el gobierno pasó a manos del Mariscal de Campo Francisco Casimiro Marcó del Pont; hombre pusilánime y pueril, que había obtenido la Gobernación de Chile por influencias de su familia. Aficionado al lujo y la pompa, encabezó todos sus bandos y decretos con la totalidad de sus apellidos y títulos, haciéndose llamar "Don Francisco Casimiro Marcó del Pont, Ángel, Díaz y Méndez, caballero de la orden de Santiago benemérito de la patria en grado heroico y eminente....etc.". Marcó del Pont gobernó con bastante incompetencia y sistemática represión y venganza contra los patriotas, en ese momento caídos en desgracia y derrotados. Fue secundado por el eficiente y cruel cuerpo policial del Regimiento Talaveras de la Reina, capitaneado por el Capitán Vicente San Bruno.

El ejército chileno decidió su retirada a Mendoza, Argentina, cruzando la Cordillera de los Andes al mando del General Bernardo O'Higgins Riquelme. Junto a él emigraron los hermanos Carrera y también Manuel Rodríguez. Eran los días de apaciguamiento entre O´Higgins, Carrera y Rodríguez.[cita requerida]

Apenas llegado a Mendoza, y en las peores condiciones, económicas y anímicas, Rodríguez trabajó modestamente en una imprenta donde se imprimian manifiestos políticos. Luego de conocer a San Martín, con quien simpatizó de inmediato, se incorporó a los preparativos de la Reconquista del territorio nacional y colaboró con San Martín y Bernardo O'Higgins en el campamento El Plumerillo[cita requerida]. El general argentino había concebido la idea que para asegurar la independencia de su patria, era necesario liberar primero a Chile y luego pasar al Perú.

José de San Martín aceptó un plan propuesto por Manuel Rodríguez [cita requerida] y le encargó la delicada misión de organizar clandestinamente la rebelión en Chile en contra del dominio español durante la Reconquista. San Martín vio en Manuel Rodríguez el emisario ideal y lo comisionó para ir a Chile a deslizar una pequeña fuerza en la retaguardia enemiga para mantener vivo el espíritu de la insurrección en las poblaciones chilenas. En ese período, Manuel Rodríguez se relacionó con el bandido José Miguel Neira, parte de las montoneras, que se alió a la causa independentista.

San Martín congenió con O'Higgins y con Manuel Rodríguez; pero no con José Miguel Carrera, que se manifestó poco dispuesto a obedecerle, por este motivo el jefe argentino lo envió a Buenos Aires.

En la capital argentina recrudeció la diferencia entre O'Higginistas y los carreristas, a tal extremo que Luis Carrera se batió a duelo con el coronel Juan Mackenna, muriendo éste último en la contienda por ciertas expresiones de Mackenna ofensivas para la familia de los Carrera.

Acciones guerrilleras

Normalmente hostigó a esas fuerzas en sus viajes al interior de Colchagua, a donde viajaba frecuentemente desde Mendoza y Uspallata, pasando por Los Andes, Curacaví, Melipilla, Alhué y Marchigüe, dejando innumerables testimonios de inteligencia militar. Esta ruta le permitió eludir las fuerzas realistas y asestar certeros y efectistas golpes en San Felipe, Santiago, Melipilla y San Fernando. Otras veces cruzaba por el Paso del Planchón, cuyos planos sirvieron al general Freire años más tarde, durante la reconquista de Chile.

Entre los años de 1815 y 1817, Manuel Rodríguez logró llevar el desorden entre las tropas realistas y organizó una red de corresponsales que se convirtieron, cuando las circunstancias lo requerían, en jefes de partidas volantes que aparecieron y desaparecieron misteriosamente. El guerrillero era un genio del disfraz y escurridizo como un fantasma. Su osadía llegó al punto de abrirle la puerta del carruaje al mismísimo Casimiro Marcó del Pont a la salida del edificio gubernamental y además recibir una moneda por el servicio de parte del gobernador; esta proeza de gran riesgo causó las más grandes burlas de toda la población de Santiago hacia su gobernante Marcó. Pronto la figura de Rodríguez adquirió el relieve y la aureola de la leyenda con sus acciones de gran riesgo frente a las mismas espaldas de los realistas. Sus hazañas fueron la comidilla de las tertulias de la ciudad.

En enero de 1817, Rodríguez perpetró sus últimas hazañas. Con ochenta hombres cayó sobre Melipilla y se apoderó de los fondos recaudados por contribuciones forzosas, unos dos mil pesos, que repartió entre sus hombres, para que puediesen alimentar a sus familias.

Pocos días después, ciento cincuenta de sus hombres, al mando de Francisco Salas, asaltaron de noche a San Fernando. La guarnición realista resistió el ataque; entonces Salas gritó con voz atronadora:

¡Que avance la artillería!
¡Que se muevan los cañones![cita requerida]
Inmediatamente los montoneros pusieron en movimiento unas rastras de cueros con piedras que producían un ruido idéntico al rodado de cañones. Los realistas, creyéndose atacados por una gran fuerza militar, huyeron. Así, Salas se apoderó de San Fernando.

La Independencia

Una vez divididas las fuerzas españolas gracias al talento guerrillero de Manuel Rodríguez y sus montoneros, el 21 de enero de 1817 el ejército libertador, compuesto por unos cuatro mil soldados, logró atravesar la cordillera de los Andes por los pasos de Uspallata, Piuquenes, el Planchón y los Patos, a principios de Febrero todas las Divisiones avistaban territorio chileno.

El general Rafael Maroto, jefe del ejército realista, salió al encuentro de los independentistas. El 12 de febrero de 1817 se encontraron los dos ejércitos en la cuesta de Chacabuco, tras la ardua batalla ese día se convirtió en un día de gloria. En 1814, la causa de la independencia había acabado en la plaza de Rancagua, para renacer triunfante en Chacabuco. Durante un año siguieron las acciones para expulsar a los realistas del país, así llegó el 2 de febrero de 1818 y en Talca se firmó oficialmente la Independencia de Chile, siendo jurada el día 12 del mismo mes en Santiago.

Desastre de Cancha Rayada

El 19 de marzo del mismo año las fuerzas chilenas fueron sorprendidas durante la noche en Cancha Rayada (salida norte de Talca) por las fuerzas del general Osorio, que estaban compuestas por aproximadamente cinco mil soldados. En la oscuridad y la confusión, los independentistas se abrieron fuego unos a otros sin reconocerse y pronto huyeron derrotados. La noticia del desastre de Cancha Rayada causó gran consternación en la capital y todos pensaron en una nueva emigración a Mendoza, en aquellas críticas circunstancias apareció Manuel Rodríguez, y al grito desgarrador de "¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!", encendió un fuego abrasador en el corazón libertario de cada ciudadano, devolvió el ánimo a los que creían todo perdido, y se preparaban a huir presos del más grande pánico.

Gracias a la audacia y oportunidad de Manuel Rodríguez se evitó un nuevo desbande y con ello aseguró la supervivencia de la novel república. Los convenció, animó, organizó, y finalmente los motivó fervorosamente a unirse y prepararse a defender la ciudad.

El pueblo lo asoció al gobierno de la Junta Delegada que presidía don Luis de la Cruz, y en pocas horas Rodríguez organizó y armó un regimiento que llamó los Húsares de la Muerte. Es Manuel Rodríguez el que domina la situación y apresta la capital para resistir a los realistas, agitando al pueblo y organizando la movilización más extraordinaria. Posteriormente aparece O'Higgins herido y Rodríguez sin chistar entrega el mando, y se pone a las órdenes de O'Higgins.

Dos semanas después, el 5 de abril de 1818, a tres leguas de la capital, en los campos de Maipú, se libró la batalla decisiva y se logró dar fin a la campaña libertadora de Chile. El 17 de abril de 1818 se celebró un cabildo abierto en el cual tomó parte Manuel Rodríguez, sosteniendo allí su opinión de que dicho cabildo debía de tomar el mando del país hasta una reunión del Congreso.

Después de la Batalla de Chacabuco y de la Maipú, ya Chile independiente, Manuel Rodríguez ejerció algunos cargos públicos de mediana importancia y dentro del Ejército ofició el grado de coronel, siempre con la simpatía de José de San Martín, y la antipatía del director supremo O'Higgins, con lo cual comenzó su rápida declinación en el poder, lo que a la postre le costaría la vida, siendo cobardemente apresado y después asesinado.

El dominio que Rodríguez ejercía sobre el pueblo, la amistad que lo unía a los hermanos Carrera y su carácter díscolo lo colocaron en una situación límite con el Director Supremo; Bernardo O'Higgins y este, bajo un consejo del abogado Monteagudo, quiso alejarlo del país ofreciéndole una misión diplomática en Estados Unidos, lo que en la práctica era una deportación, puesto que sería subido a bordo vigilado y engrillado, esto ya se vislumbraba, ya que cuando O'Higgins conversó con Rodríguez sobre esto, había ya una amenaza implícita de O`higgins que se transcribe a continuación:

- "Rodríguez, ud. no es capaz de contener el espíritu inquieto de su genio, y con él va tal vez a colocar al Gobierno en la precisión de fusilarlo, pues que teniendo al enemigo aún dentro del país, se halla en el deber de evitar y cortar los trastornos a todo trance. Es aún Ud. joven, y madurado su talento puede ser muy útil a la Patria, mientras que hoy le es muy perjudicial, por lo tanto, será mucho mejor que Ud. se decida a pasar a Norte-América o a otra nación de Europa donde pueda dedicarse a estudiar con sosiego las nociones de su profesión, sus instituciones, etc., para lo que se le darán a Ud. tres mil pesos a su embarque para pago de transporte y mil pesos todos los años para su sostén. En cualquiera de esos puntos puede hacer servicios a su Patria, y aun cuando no estamos reconocidos, podrá dársele después credencial privada de agente de este Gobierno." Responde Rodríguez a esta abierta amenaza con el siguiente texto;"Usted ha conocido, señor Director, perfectamente, mi genio. Soy de los que creen que los gobiernos republicanos deben cambiarse cada seis meses, o cada año a lo más, para de ese modo probarnos todos, si es posible, y es tan arraigada esta idea en mí, que si fuese Director y no encontrase quien me hiciera la revolución, me la haría yo mismo. ¿No sabe que también se la traté de hacer a mis amigos los Carrera?.

-Ya lo sé, y por ello es que quiero que se vaya fuera.

-Bien, pues, pero póngame en libertad para prepararme.

-No, porque marchará arrestado usted hasta ponerlo a bordo, pues estando comunicado puede hacerlo desde el arresto."

Conversación entre Manuel Rodríguez y Bernardo O'Higgins
O´Higgins aún sentía un cierto grado de respeto por Rodríguez, además de que contaba con la más grande popularidad del pueblo, lo que lo hacía importante políticamente.

Un día, después de la batalla de Maipú, Rodríguez cometió una temeraria acción debido a su carácter apasionado: osó entrar a caballo en el patio del palacio de gobierno junto a una turba, para protestar violentamente por el asesinato de los hermanos Juan José y Luis Carera ignorando completamente que O`higgins había enviado una carta a Mendoza para indultarlos, a pesar de que se cree que dicha carta, en idioma críptico, decía todo lo contrario.

Esto exasperó al Director Supremo, quien ordenó nuevamente su prisión en el cuartel de los Cazadores de los Andes, situado en lo que es la esquina norponiente de las calles Teatinos y San Pablo, y se le siguió un proceso. Los esfuerzos de sus familiares fueron inútiles por permitir que O´Higgins desistiera del proceso.

Muerte

El 26 de mayo de 1818, el guerrillero Manuel Rodríguez fue trasladado a la prisión militar de Quillota y a la altura del pueblo de Tiltil, específicamente en un sector llamado la Cancha del Gato, a orillas del río Lampa, fue asesinado de un tiro por la espalda por un Teniente de apellido Navarro al distraer su atención con un comentario de un ave que pasaba por el sector. Se adujo como causa de muerte, que el guerrillero intentó escapar, el Teniente Navarro confesaría en 1825 que Bernardo de Monteagudo le dio la orden de asesinar al patriota, este último, fue expulsado a Perú, donde sería asesinado el mismo año en que Navarro confesó.

El 24 de agosto de 1818, don José Miguel Carrera reclamó sus restos para darles una cristiana sepultura. En el mismo sitio de aquel luctuoso suceso se erigió, en 1863 un monolito en su memoria, en que se lee la siguiente estrofa del poeta Guillermo Matta:

¡Jamás el héroe muere!
En la mano que le hiere
En página inmortal su nombre escribe,
Y el héroe mártir con su gloria vive.
Los restos del héroe guerrillero fueron trasladados de Tiltil a Santiago en 1895, y presuntamente reposan en el Cementerio General.

Presunto matrimonio y descendencia

Hacia fines de 1817, Manuel Rodríguez mantenía una relación estable con doña Francisca de Paula Segura y Ruiz, una criolla de posición acomodada de 36 años de edad; sin embargo, no han existido elementos probatorios que certifiquen un matrimonio, que algunos historiadores mencionan, asimismo dadas las condiciones de inestabilidad del momento hacen muy improbable que Manuel Rodríguez hubiese querido o podido casarse, sin embargo lo que se sabe más es que de esta relación nació un hijo de nombre Juan Esteban Rodríguez Segura, nacido el 24 de abril de 1818 en Santiago, como consta en su rosario de bautismo, el cual se encuentra en exhibición en el Museo Cardoen de Santa Cruz.

La existencia de este hijo se menciona en los textos de los historiadores Gustavo Opazo Maturana, Alejandro Chelen Rojas, Armando de Ramón y Manuel Balbontín que corresponden a biografías del patriota, y en el diccionario biográfico del historiador y genealogista De la Cuadra Gormaz. En consecuencia, aunque no se puede dudar de la existencia de este hijo aún no ha sido posible encontrar su certificado de bautismo, por lo que algunos escépticos todavía dudan de su existencia.

Reafirma más aún la convicción de su existencia el propio certificado de defunción de Doña Francisca de Paula Segura, donde se lee claramente "viuda de Manuel Rodríguez". Dicho certificado, que había pasado de mano en mano por varias generaciones en la familia y descendientes de Juan Esteban Rodríguez, fue donado en la forma de su documento original por la familia, encontrándose expuesto también en el Museo Cardoen de Santa Cruz.

Todos estos elementos, así como la fecha de concepción (1817) y nacimiento de este hijo (24 Abril de 1818) se sitúan perfectamente en la cronología de la historia. Unido esto a la tradición de la familia Rodríguez-Segura traspasada de padres a hijos, no se deja duda alguna que la sangre del patriota sigue aún corriendo por las venas de sus actuales descendientes.

Juan Esteban Rodríguez Segura, el hijo de Manuel Rodríguez, alcanzó altos cargos como servidor público y gran figuración política. Se caracterizó por su oratoria de tribuno, siendo muy respetado y oído por correligionarios y adversarios políticos. Fue Intendente de Copiapó (1855), Talca (1859-1864), siendo electo posteriormente como Diputado y Senador por catorce años en la circunscripción de Curicó. Fue además un conocido agricultor de la zona de Colchagua, específicamente en la localidad de Pumanque donde poseía una extensa propiedad. Curiosamente, en su vida privada era muy reservado en lo que se refería a su progenitor, hecho que mencionó en contadas ocasiones durante su vida, dado que la familia era muy religiosa, y sentían cierta vergüenza de descender de un hijo natural, nombre que se daba en esa época a los hijos fuera del matrimonio. El hijo de Manuel Rodriguez se casó en dos oportunidades y tuvo 14 hijos nacidos entre 1843 y 1866. De esta forma actualmente viven numerosos descendientes de aquellos nietos del patriota, los cuales han conservado el famoso y distintivo apellido. De hecho, una de las ramas de descendientes (Rodriguez Besa) se han transformado en voceros de la descendencia del patriota, de tal forma de proteger el acervo histórico/familiar.

El año 2007 falleció la última bisnieta del patriota, Doña Rosa Rodriguez Velasco, con más de 90 años, y como prueba viviente de la historia recordaba vívidamente haber estado en los brazos de su abuelo, quién ni mas ni menos era el hijo desconocido de Manuel Rodriguez.

Existe también otra línea de descendencia importamtísima que origino incluso un Presidente de la República, que fue Juan Esteban Montero Rodríguez, su hijo Juan Esteban Montero Fermann e hijo de este Juan Esteban Montero Matta,los très,descendientes directos del patriota.

Manuel Rodríguez como ícono

En Chile, el recuerdo del patriota ha inspirado desde un nutrido folclore y literatura oral, hasta reivindicaciones políticas de su imagen. Esa imagen, y el personaje de Manuel Rodríguez siempre ha sido un ícono de la cultura popular y mítica de su país. Tal es el Caso de que en Chile, Muchas Compañias de Bomberos lo tienen como Patrono y llevan su Nombre, como la Primera Compañia de Bomberos de Quinta Normal No obstante, su figura se ha representado en su digna proporción, como un hombre de estado también. Su rostro se imprime en los billetes de $2.000.

Debieron pasar casi doscientos años desde su muerte, para que durante 2007 se hiciera una película televisiva (Hijo de la Rebeldía), la cual reivindicara su figura, así como la real actuación del patriota durante esos días de lucha por la libertad de la patria. Sin ser la película de fidelidad exagerada con la historia, aclara su origen, su vida y muerte, además de dejar para los historiadores, las pistas y misterios que rodearon por siempre su descendencia.

Literatura

Manuel Rodríguez se convirtió tempranamente en un tema de creación literaria. Existen registros de décimas dedicadas a él en diversos periódicos populares, las llamadas liras, aparecidos en la segunda mitad del siglo XIX. Por lo que es de suponer incluso una presencia previa en las canciones folclóricas, que usaban la misma métrica de décimas, y que inspiraban estos impresos.

Por otro lado, sin dedicarle aun una gran obra o una biografía mayor, la naciente historiografía chilena venía prestándole gran atención a Rodríguez desde mediados del mismo siglo, en textos centrados en Carrera y O'Higgins y en historias generales del periodo independentista.



Primera biografía sobre él

El primer texto literario dedicado especialmente a su figura fue Don Manuel Rodríguez, una biografía de pocas páginas, escrita en 1854 por el poeta pipiolo Guillermo Matta, e incluida en el volumen Galería nacional, o Colección de biografías y retratos de hombres célebres de Chile. Dicho libro, en el que colaboraron los principales escritores de la época, como Domingo Faustino Sarmiento, Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui, presentaba a la ciudadanía un primer panteón de héroes nacionales. Allí, el nombre de Rodríguez acompaña a otras figuras protagónicas de la emancipación, como José de San Martín, Thomas Cochrane, O'Higgins y Carrera. En el libro también se publicó por primera vez un retrato suyo, que se transformaría, con el tiempo, en modelo de todas sus siguientes representaciones.

La pequeña biografía de Matta, escrita en estilo romántico y literario, salpicada de alusiones a Plutarco, Lamartine y Michelet, se publicaba a 36 años de la muerte del guerrillero. El paradero de su cadáver era aun desconocido y el autor siente que todavía debe dirigirse a sus lectores pidiendo que depongan sus pasiones políticas:

¡Olvídense, pues, los rencores, las parcialidades vergonzosas; cesen las acusaciones injustas los ditirambos violentos; cada hombre traiga sus lauros, y donde se coloquen Freire y O'Higgins, aparezcan las figuras de Carrera, Rodríguez, Infante, Ibieta y tantos otros, formando unidos así el monumento de nuestra independencia, con toda la pureza de su gloria, con todo el resplandor de su idea!

Guillermo Matta; "Don Manuel Rodríguez"[4]
Por otro lado, Matta reconoce de inmediato que Rodríguez se transformará en un verdadero tópico de creación artística:

Manuel Rodríguez es el más simpático si no el más meritorio entre todos esos hombres que circundan la época de nuestra independencia como de una brillante corona. Es quizá el único que por su abnegación, por su tipo extraño y por su clase de vida se presta a todas las creaciones de una poesía sublime y arrebatadora como la idea que representa. Rodríguez es cierto que era aventurero, pero un aventurero de genio que hubiera podido conquistar como los antiguos condottieri el anillo de un dux o el lauro de un tribuno.

Guillermo Matta; "Don Manuel Rodríguez"[5]


Narrativa

En la década de 1870s comenzaron a ser muy populares las novelas por entregas o folletines de Liborio Brieba inspiradas en las andanzas del guerrillero. Algunas de ellas fueron reunidas en el volumen Episodios nacionales en 1960. La mayoría de estas obras se volvió a publicar como libro, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX, sumando en total más de 40 reediciones de obras relacionadas con Manuel Rodríguez. Es el caso de:
Los talaveras (1871, 7 reediciones como libro)
El capitán San Bruno (1875, 7 reediciones)
Manuel Rodríguez (6 reediciones)
Chacabuco y la libertad de Chile (5 reediciones)
Los favoritos de Marcó del Pont (7 reediciones)
Los guerrilleros insurgentes (6 reediciones)
Entre las nieves (4 reediciones)
El enviado (2 reediciones)
La San Bartolomé de los patriotas
El fin de la Patria Vieja, etc.
Durante la Reconquista (1897), novela de Alberto Blest Gana, ampliamente reeditada, en la que Rodríguez, un héroe romántico en sintonía con el gusto de la época del autor, protagoniza la acción.
Los húsares trágicos (1964), de Jorge Inostroza: Saga de 3 volúmenes de novelas históricas protagonizadas por Manuel Rodríguez y José Miguel Carrera, ampliamente reeditada durante los años 1960s y 1970s.
El patriota Manuel Rodríguez (1950), novela de Magdalena Petit.
Manuel Rodríguez: flecha ardiente y fugaz (1994) novela de Ana María Larraín, escritora de literatura infantil y juvenil.

Dramaturgia

Carlos Walker Martínez, Manuel Rodríguez: drama histórico en cuatro actos: representado por primera vez en el Teatro Municipal de Santiago el 5 de enero de 1865, bajo la dirección del primer actor i director de escena, don Juan Risso, Santiago, Impr. de la Unión Americana, 1865, 86 páginas.
José Lietti, Manuel Rodríguez: drama histórico y popular, escrito para el Circo Wallace, estrenado con gran éxito en Santiago en el Circo Océano el 26 de mayo de 1896, Santiago, Imprenta Santiago, 1896, 28 p.
Eduardo Valenzuela Olivos, Comedias para niños: Una aventura de Manuel Rodríguez. La epopeya de Iquique, Santiago, Imprenta i Enc. La Economía, 1918, 40 p.
Luis Enrique Délano, Manuel Rodríguez (1939).
Jorge Díaz, Manuel Rodríguez (1959).
Sergio Arrau, Un tal Manuel Rodríguez (1972).
Víctor Molina Neira, “Una aventura de Manuel Rodríguez”, en Alberto Blest Gana [et al.]; prólogo de Floridor Pérez, Aventuras de Manuel Rodríguez, Santiago, Publicaciones Lo Castillo, 1985, p. 111-114.
Víctor Molina Neira, “Un bando”, en Alberto Blest Gana [et al.]; prólogo de Floridor Pérez, Aventuras de Manuel Rodríguez, Santiago, Publicaciones Lo Castillo, 1985, p. 115-121.
Isidora Aguirre. Manuel Rodríguez: epopeya popular con música centrada en la vida del guerrillero, Santiago, Ediciones Clan, 1999, 84 p.
Marcelo Bailey, El rebelde (1999).
El húsar de la muerte: un espectáculo basado en las hazañas de Manuel Rodríguez (2000), del colectivo La Patogallina, obra basada en la película homónima de 1925.

Música

Hace falta un Guerrillero, de Violeta Parra
Tonada de Manuel Rodríguez (1959), música de Vicente Bianchi sobre versos de Pablo Neruda publicados en su libro Canto General.
El cautivo de Tiltil (1966), canción de Patricio Manns.
A Manuel Rodríguez (1967) de Los Chileneros.
Cuecas al guerrillero, de Ester Soré.
Esquinazo del guerrillero, de Fernando Alegría y Rolando Alarcón.
Versos por Manuel Rodriguez, Investigada por Hector Pavez Casanova
Inti Illimani, de Víctor Jara.

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